
De días sin noches y sin sueños.
Apareciste tú y tuve que esconderme.
Porque fueron bastantes las ideas que nacieron en mi mente.
Sentí mi corazón y mi alma.
Y mis labios sintieron sed de otros.
Y si pues mujer, el amor es un demonio.
Oculte de mí, todos mis sentidos.
Pero aun así mi mente te veía y te esperaba.
Porque siempre te tuve en mi ropa.
Te tuve en el aire y en el agua.
Te confundí con estrellas y con aves.
Siendo tu una simple ninfa.
Como tantas en el mundo.
Nunca halle en ti corazón,
Solo ojos y labios.
Cuando nos encontrábamos juntos en espacios vacíos y blancos,
Yo los llenaba de formas y objetos.
De mundos y sueños reales.
Y tú al instante habrías los ojos.
Estabas llena de superficiales sentimientos.
Todo lo que encontré en ti no te pertenecía.
Siempre te soñaba distinta, cambiada.
¿Qué no hubiera dado yo por algo distinto en ti?
Mate a Milena, a Raquel y a Noelia,
Pensando que existían las rosas.
He crecido teniendo la despreocupación de un niño.
No me importo el tiempo y la vida.
Te deje meses que parecían años.
Y al volver las mismas ganas de esconderme, de huir.
Porque no eras lo que siempre había soñado.
Algún Dios puso frente a mí, mis sueños.
Y la llamo Kukuli.
Un día en el cual quise morir de infelicidad.
Y ahogarme con mis propios lápices y colores,
En una mar de tinta espesa.
La llamo Kukuli como una ave.
En ella no he encontrado solo ojos y labios,
He sentido su corazón y su alma.
Hemos corrido en mi suelo y hemos estado despiertos todas las noches.
Porque mi mundo al fin fue entendido.
Porque mis alas ahora son fuertes y altas.
Estoy amando.
He encontrado lo que siempre espere.
He encontrado mi yo.
Ahora puedo desnudarme tranquilo y volar.