
Cuando empequeñecí mi mirada y mis ojos se volvieron tan insignificantes, baje a observar mi cuerpo y lo encontré tan grande y profundo. Observe mis hombros tan anchos y fuertes. Mis brazos eran dos grandes mazos alargados con cinco rígidos peldaños en cada desembocadura. Encontré mi pecho desganado de respirar, renegando de tanto cubrir lo que lleva dentro y quise que explotara para no tener que verlo mas.
Mi espalda era una gran lamina llena de enfermizos espasmos, agregada de una línea que nace en la nuca y termina en mi coxis, llena de sobresalientes triángulos.
Era tan distinto a lo que recordaba y tan lejano de lo que quise ser.
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