Se enamoro de la estatua que siempre admiraba cuando iba al parque. Se enamoro del plomo que lo cubría, del cobre que guardaba, de su mirada fija y de su silencio.
Aprendió a andar con él y le hablaba. Y aveces, solo aveces, se molestaba cuando no tenía respuestas.
La estatua señalaba un lugar lejano, ella puso su cabeza en su hombro y trato de entenderlo. Fijo su mirada donde fijaba su brazo y observo una pequeña ciudad y en mitad de ella, una forma inmensa y extraña y se dijo: "Quizás sea lo que esta buscando". Alisto sus cosas y corrió.
Llego a la ciudad, llego al centro de ella y encontró un monstruo enorme y con cara de no haber comido hace años que estaba amarrado en un árbol. Lo desato y el monstruo sin decirle gracias y sin pedirle permiso se alistaba a comerla pero ella le dijo que no podía porque a ella le gustaba mucho la mayonesa y que de seguro tenia mas de 3 kilos de ella metida en su estomago y que si se la comía le saldrían granitos y que así ninguna monstrua se fijaría en el.
El monstruo se puso a pensar y decidió dejarla con la condición de que le consiguiera comida y ella (astuta como toda persona de pequeña estatura) le prometio los panes que tenia en su bolsa a cambio de una respuesta.
El monstruo acepto y ella lo cuestiono sobre aquella estatua que estaba en el jardín. El monstruo no había ido allí nunca y no pudo responderle, la mujer le dio los panes y regreso triste.
Cuando llego a la estatua le contó su corta historia y Él sin entenderla un poco siguió señalando a aquel lugar, ella pensaba que era en vano seguir pero puso su cabeza en su hombro y vio.
Encontró la misma ciudad y en medio algo enorme y se dijo que seguro era el monstruo de nuevo esperando que alguien pasara. Pero siguió observando y detrás de la ciudad había una laguna y en mitad de ella un bote con un bulto extraño dentro, se dijo: "Quizás sea lo que esta buscando". Alisto sus cosas y corrió.
Cuando llego a la laguna, la vio rodeada de flores extrañas y de arboles inmensos, arranco una hoja de esos arboles y floto en ella, remando con sus pequeñas manos hasta el medio donde esta el botecito.
Cuando llegó al bote asomo su cabeza para ver lo que había dentro y encontró un niño durmiendo, cuando trato de despertarlo escucho un regaño de adulto, un "no molestes, déjame dormir" y se asusto, miro a su alrededor y no encontró a nadie solo al pequeño nene durmiendo y siguió tratando y los gruñidos se volvieron mas fuertes.
De un momento a otro, voltio el nene y con la voz que la había asustado le dijo: ¿Que quieres mujer? ¿No ves que estoy durmiendo? Se sentó, se sobo los ojos y bostezo.
Ya mujer, habla rápido que tengo que seguir durmiendo, ¿Qué quieres, a que has venido?
Y la mujer le habló del hombre de plomo y el nene no sabia nada de aquel hombre y desconcertado se puso a llorar. La mujer lo puso en su regazo y comenzó a menearlo hasta que el nene se calmo y siguió durmiendo.
La mujer regresó a la orilla y fue al encuentro de la estatua y le contó su corta historia y este sin entenderla siguió señalando.
La mujer se cansaba de ir y venir y no encontrar alguna respuesta, quiso ir a casa y volver mañana pero antes de partir se quedó mirando sus ojos fríos y quietos. Y se dijo que lo ayudaría una vez más.
Reposo su cabeza en el hombro de la estatua y miro su brazo y al final diviso la ciudad y en mitad de ella el bosque, diviso la laguna y en su mitad el bote y detrás de todo, lejos muy lejos encontró un jardín, un jardín como en el que estaba ahora y se dijo: "Quizás sea lo que esta buscando". Alisto sus cosas y corrió.
Mientras corría el cielo se pintaba de colores oscuros y los refrigeradores del cielo abrían sus puertas dejando escapar ese aire blanco y frío.
Sus zapatos se cansaron de ser zapatos y la dejaron descalza. Ella seguía, era lo único que amaba y cuando llego al parque encontró en la mitad de este una estatua de oro grande y hermosa. Era una mujer de vestido y zapatos de cuento.
La miro y encontró en ella los mismo ojos de su estatua de color plomo y la jalo, la jalo con todas sus fuerzas y la llevo donde su vida quería que estuviera.
El cielo se hacia mas cercano y el piso con ella se hundía a cada paso. La noche se mostró ante ella, el frío no cedió el paso pero ella a pesar de todo seguía jalando.
El dolor a todo esto eran las punzadas de largas espinas en el corazón de una ave, la cual emitía el único canto capaz de hacer nacer nuevas rosas con su sangre.
Cuando estuvo frente a su hombre de plomo cayo muerta.
El hombre de plomo se inclino y tomo a la mujer en sus brazos, la sintió tan fría como el se sentía y lloro. Camino con ella en brazos todo el camino que había señalado. Y detrás del bosque, detrás de la laguna encontró el parque al cual había ido su pequeña amante y la encontró bañada en oro señalando a un lugar y el apoyo su cabeza en su hombro y vio su jardín.
Ella se había encontrado asimisma, y los dos estuvieron mirándose fijamente toda la eternidad.
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