Tanto dolor en la mirada,
en las sonrisas ajenas,
en el pan que se come, ¡Hay dolor!
Y los recuerdos que te jalan, vienen constantemente con la repidez de un parpadeo y te ves otra vez con las mismas lagrimas interminables. En la oscuridad del fin del camino donde tratas de distinguir aquella forma que pide ayuda.
Culpo al mar, al cielo, a la lluvia, los culpos por ser hijos, tan hijos de Dios.
De no dejarme solo, de mostrarme mas aun el dolor humano.
Aquellos niños que de Jesus algun dia fue su regaso,
mas ahora les queda la fria acera, si es que en ella aun queda algo del regaso,
si en ella hay aun un poco de calor.
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