Para mí desde niño una pistola me pareció una arma inofensiva.
Una arma con sonidos graciosos.
Y veía como aquellas personas asustadas corrían y se escondían.
Y cuando comenzaban los sonidos graciosos yo me reía de los sucesos y me decía: ¡Una pistola no puede matar! ¡Una pistola solo puede matar de risa! Y ja ja ja ja, me reía.
Yo también tuve una pistola alguna vez y no tenia esa expresión en el rostro, esa sonrisa despreciativa.
Yo era un niño normal con una pistola de sonidos graciosos.
Y hubo un momento en el que quise morir de verdad, si de verdad, no como aquellas personas que se hacían los muertos tirados en el piso.
Y compre una pistola que un viejo amigo me recomendó en una tienda escondida detrás de una panadería.
Me fui a lado más oscuro de la playa, me senté, vi un poco triste la forma de la pistola, la coloque en mi boca y dispare.
Aunque admito que no había probado la pistola en el momento que la compre, no creo haberme olvidado de haber puesto pilas en ella.
Y a cada Bang! Bang! Le seguía una risa.
Wednesday, January 18, 2006
Tuesday, January 17, 2006
Friday, January 06, 2006
"Ya no tengo dientes ni aliento".
"¿ Qué es dibujar? ¿Cómo se llega?. Es la acción de abrirse paso a través de una pared de hierro invisible, que parece encontrarse entre lo que se siente y lo que se puede..." (carta 237 a su hermano Theo).
"..Puedo ciertamente, en la vida y en la pintura privarme de Dios, pero no puedo, en mi sufrimiento, privarme de algo más grande que yo y que es mi vida: la potencia de crear...".
"..Puedo ciertamente, en la vida y en la pintura privarme de Dios, pero no puedo, en mi sufrimiento, privarme de algo más grande que yo y que es mi vida: la potencia de crear...".
Thursday, January 05, 2006
franz y pierina
LA NEGATIVA
Si me encuentro a una muchacha bonita y le pido: «Sé buena, ven conmigo», y pasa de largo sin decir una palabra, su actitud significa: «Tú no eres un duque con apellido rimbombante; ningún americano atlético con la estatura de un indio, con ojos horizontales y contemplativos, con una piel acariciada por el aire de las praderas y de los ríos que fluyen por ellas. No has viajado a los Grandes Lagos, ni los has surcado, aunque no sé ni dónde se encuentran. Así que dime, por qué yo, una muchacha bonita, tendría que ir contigo». «Olvidas que no te llevan en automóvil por la calle, balanceándote con sus sacudidas; no veo ir detrás de ti a los señores pertenecientes a tu séquito, embutidos en sus trajes y murmurándote piropos. Tus pechos quedan bien comprimidos por el corsé, pero tus muslos y caderas se resarcen por esa sobriedad. Llevas un vestido de tafetán con pliegues, como el que nos alegró tanto a todos el pasado otoño y, sin embargo, con ese peligro mortal en el cuerpo, sólo te ríes de vez en cuando». «Sí, los dos tenemos razón y, para no ser conscientes de ello de un modo irrefutable, preferimos irnos solos a casa, ¿verdad?»
Si me encuentro a una muchacha bonita y le pido: «Sé buena, ven conmigo», y pasa de largo sin decir una palabra, su actitud significa: «Tú no eres un duque con apellido rimbombante; ningún americano atlético con la estatura de un indio, con ojos horizontales y contemplativos, con una piel acariciada por el aire de las praderas y de los ríos que fluyen por ellas. No has viajado a los Grandes Lagos, ni los has surcado, aunque no sé ni dónde se encuentran. Así que dime, por qué yo, una muchacha bonita, tendría que ir contigo». «Olvidas que no te llevan en automóvil por la calle, balanceándote con sus sacudidas; no veo ir detrás de ti a los señores pertenecientes a tu séquito, embutidos en sus trajes y murmurándote piropos. Tus pechos quedan bien comprimidos por el corsé, pero tus muslos y caderas se resarcen por esa sobriedad. Llevas un vestido de tafetán con pliegues, como el que nos alegró tanto a todos el pasado otoño y, sin embargo, con ese peligro mortal en el cuerpo, sólo te ríes de vez en cuando». «Sí, los dos tenemos razón y, para no ser conscientes de ello de un modo irrefutable, preferimos irnos solos a casa, ¿verdad?»
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